
El "boom" de la construcción de caseríos vascos se produjo a finales del siglo XV (aproximadamente entre 1490-1500) y principios del siglo XVI.
Esto coincidió con el final de las Guerras de Bandos en la Navarra Occidental, que llevó a la adaptación de las viviendas de los banderizos a nuevas funciones de labranza.
Además, en las villas pirenaicas de Alta y Baja Navarra, el caserío de piedra servía como un importante elemento defensivo ante los constantes ataques de Castilla en el siglo XV.
Los caseríos se construyeron por centenares en esta época, con un alto nivel de calidad en carpintería y cantería.
No estaban aislados, sino que a menudo se situaban en barriadas o aldeas ("uria") a media ladera, cercanas a caminos importantes, como el "Camino Real" entre Bilbao y Castilla, y rara vez en alturas extremas.