
Las primeras "caserías" eran construcciones de madera, redondas o rectangulares, con techos de brezo, arbustos o paja. Eran frágiles, incómodas y mucho más pequeñas que los caseríos actuales.
Las del siglo IX-X eran redondas, de madera vertical rellena de adobe.
Hacia el siglo XI, se hicieron rectangulares con zócalo y base de piedra, aumentando el uso de madera como base de celosía, a veces descritas como "casas comunales".
En los siglos XII-XIII, adquirieron un aspecto muy similar a un caserío de menor tamaño, con zócalo y armazón de madera.
A partir del siglo XV, con la introducción de la piedra tallada y la búsqueda de autoabastecimiento, estas caserías evolucionaron hacia el caserío tal como lo conocemos hoy, integrando los espacios para animales y almacenamiento de forraje dentro del mismo edificio principal.